Lecturas Compartidas.

Es una realidad que a veces nos encontramos en un punto de nuestras vidas en el cual se nos hace algo difícil realizar ciertas actividades o entregarnos a ciertos gustos, unos tan simples como el dedicar tiempo a un nuevo proyecto manual, escribir varias cartas a tus amigos por correspondencia o el iniciar/pertenecer a un club de lectura. Estos son solo algunos ejemplos dentro de mi lista personal, de esas cositas que siempre se van quedando para más tarde porque alguna tarea o responsabilidad sigue colándose en fila. Y sí, hay un tiempo para todo, como dice la biblia… solo que el tiempo no se materializa con dueño asignado, depende de nosotros el distribuirlo para que todo encuentre su espacio dentro de nuestras vidas/agendas. Es una lección que sigue haciendo de las suyas, con sus fugas momentáneas del baúl de aprendidas, para no estar cuando la necesitas; es una de esas que todos conocemos, pero que la mayoría de las veces decidimos obviar y usar como excusa para todo eso que queremos pero dejamos de hacer.

Todo esto me recuerda un fragmento de “The Sound Of Settling”, canción de la banda Death Cab For Cutie,

My brain is saying “If you’ve got an impulse let it out”, but they never make it past my mouth.

La manera más efectiva de desperdiciar nuestro tiempo y de paso nuestras vidas es el postergar lo que puede resultarnos agradable y con capacidad de hacer los días más brillantes, es el conformarnos con ser productivos y hacer simplemente lo que debemos hacer y nunca lo que queremos hacer. Ser máquinas de alto rendimiento. Y sí, es cierto que lo mejor es intentar que ese deber sea algo que disfrutemos pero, we know better, eso no es siempre una posibilidad.

Me he dispuesto a retomar ese balance del que una vez disfrutaba, sin culpas ni reproches, tanto personales como externos. Siempre hay tiempo para un buen libro, para momentos fuera de este mundo, para escribir sobre lo que sentimos, para reír de las cosas más triviales, para amar una sonrisa, para disfrutar una copa de vino o unas cervezas, para conversar con un amigo por teléfono o de manera virtual, para perderte un rato en unos ojos con forma de almendra… siempre hay tiempo para lecturas compartidas.

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Y aunque no sea precisamente un club de lectura, éste es el tipo de “conformista” que sería una y otra vez. No es adaptarme o aceptar cualquier circunstancia que se acerque a la deseada, no es rendirme a lo más fácil. Soy “conformista” porque he aprendido a reconocer que las mejores cosas pasan fuera de los planes, porque entiendo que al perderte puede que termines tropezando contigo mismo y logres verte frente a frente en una ciudad sin espejos, porque admito no tener todos mis pasos escritos como había pensado tenerlos. Que si buscaba un libro y terminé con una sola oración que logró retar mi manera de ver el mundo, estoy más que satisfecha.

No necesito excedentes, no necesito maletas llenas de cosas que no utilizaré, no necesito un mar de palabras dentro de las que no encuentre ningún significado… No necesito más que lo que me hace feliz. Así, simple.

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